Entren en un mundo de colores, observación intensa y energía positiva que sin duda también le gustaría al representante más alto de mi país natal. Después de diez años, la Nueva Galería de Graz expone las pinturas llenas de energía de Wolfgang Hollegha y me gustaría guiarles, al menos virtualmente, a donde otros me guiaron a mí.
Cuando este verano me encontré en la Neue Gemäldegalerie de Graz, quedé sorprendido: por un lado, la señora que nos guiaba por la exposición permanente me dejó desarmado con su narración, pero también la cantidad y variedad de las obras expuestas me hicieron darme cuenta de que probablemente debería dedicar más de dos horas a las galerías. Por eso reservé en la página web de ÖBB otra revisita y asistí a la exposición «Pero también hay cosas indecibles» encima en el marco de una visita guiada.
Debo decir que tenía bastante curiosidad por saber qué tanto hay de qué hablar durante una hora sobre unos garabatos coloridos que, aunque bonitos, a primera vista no dicen nada. Al contar a mi madre sobre mi primera visita, me sentía un poco como el presidente eslovaco Peter Pellegrini, quien, en la inauguración de una exposición, dijo que había enormes obras coloridas con energía positiva.
Muy pronto quedó claro que el resto de la tripulación tampoco eran precisamente historiadores del arte. «Muchos colores», «dinámico», «alegre» fueron las respuestas a la pregunta sobre nuestras impresiones, que fue cierre de la minitarea de Dalia, un ejercicio sensorial de dos minutos durante el cual debíamos contemplar una de las obras de la primera sala. «No sé por qué, pero estos colores realmente me llegan», comentó la señora que estaba delante de mí.
El impacto en las emociones no es del todo casual: a Hollegha lo podemos poner en algún lugar entre el informalismo (la versión europea del expresionismo abstracto, al que pertenecía, por ejemplo, Jackson Pollock) y el color field painting, por la que era conocida, por ejemplo, Helen Frankenthaler. Como se indica en la descripción de la exposición, Hollega no percibía sus obras, a diferencia de las informales, como expresamente planas, sino todo lo contrario: abren espacios, muestran el mundo de los objetos de una manera completamente diferente, de forma muy subjetiva. Dalia también afirma que podría discutir sobre la espacialidad de las obras y señala que algunos tonos de color podrían percibirse como sombras.
Gracias a Hollegha, aprendí que en el arte abstracto existen varios tipos de abstracción y no se trata directamente de abstracción en el sentido informático (saludos al profesor Puntigam de la Universidad Técnica de Viena), sino más bien de una simple denominación de la creación no concreta. Una de las formas de clasificación es distinguir entre la abstracción sin conexión con un objeto concreto, gegenstandslose Abstraktion, y la abstracción con conexión con un objeto concreto, gegenstandsbezogene Abstraktion.
«Cuando vi por primera vez algunos de esos modelos en fotografías, me pregunté qué hacían allí esas manchas oscuras, y entonces me di cuenta de que se trataba de suciedad», dice Dalia. En algunos casos, esta intensa observación podía prolongarse durante años, incluso si se trataba del juguete de su propio hijo (¡Mala suerte!). Los pequeños Hollegha no tenían mucho que temer de que sus hermanos echaran el ojo en sus juguetes, pero en cuanto a su padre le llegaba la inspiración, podían olvidarse de ese objeto, ya que estaría prohibido tocarlo.
«Aunque a primera vista pueda parecer que se trata de una obra aleatoria e impulsiva, Hollega era un artista muy controlado y decidido», afirma Dalia, quien añade que el autor solo pintó alrededor de 1000 cuadros a lo largo de su vida, lo que realmente no es mucho en el mundo del arte.
También se puede observar cómo su obra refleja el hecho de que escuchaba a Bach. En los cuadros no encontramos un color dominante, al igual que en la técnica compositiva del contrapunto en la que se combinan simultáneamente dos o más melodías independientes (o, en palabras de Dalia, igualitarias) que forman un todo armónico. Hablando de igualdad, la esposa de Holleg desempeñó un papel importante en su obra, ya que a menudo fue ella quién decidía cuándo un cuadro estaba terminado y cuándo no.
En la sala de los cuadros con un uso igualitario de colores, que por cierto son bastante llamativos, nos enteramos de que el artista adicionalmente diluía los colores con el perjudicial Terpentin. Por eso tenía ventanas de 15 metros de altura en su estudio y, no voy a mentir, al ver la gran superficie acristalada, como sacada de un cuento de hadas, suspiré con envidia. La finca en la que pasó gran parte de su vida se encontraba en Rechberg, a 20 km al norte de Graz, por lo que la Neue Gemäldegalerie también se ocupa de su obra.
¿Un artista internacional?
No sería una visita guiada como Dios manda si nadie preguntara por el precio. «No sabría decirle cuánto cuesta el cuadro más caro, solo sé que ninguna de las obras aquí expuestas está asegurada por menos de 150 000 €», respondió nuestra guía a un visitante curioso. Otra visitante, interesada no solo por el dinero sino también la fama, provocó con su pregunta de que si se podía considerar a Hollegha un artista internacional.. «Sinceramente, no lo sé, al principio seguro que sí», respondió mi bestie que sonaba eslava, refiriéndose a la invitación a Nueva York que el autor recibió de Clement Greenberg a finales de los años 50. Y quizá un gran blogger como yo también contribuya un pelín a su reconocimiento internacional, jeje.
Si quieren pillar Hollega en Graz, la exposición durará hasta el 2 de noviembre de 2025, y luego, a partir del 15 de marzo de 2026, se podrá ver la exposición «¡No pienses, mira!» en Wiesbaden, Alemania.
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